La mona de pascua: el toque dulce de la Semana Santa

La mona de pascua es el dulce típico valenciano de la Semana Santa. Lleno de tradición e ilusión las calles valenciana rebosan alegría con este dulce.

Una vez acabado el tiempo de buñuelos y churros con chocolate, protagonistas en las Fallas, llega la hora de dar paso al dulce estrella de Semana Santa: la mona de pascua. Este preciado aperitivo que se come sobre todo en la hora de la merienda es conocido por la Terreta, pero ¿sabes que tradición tiene?

La tradición hecha dulce

Como bien hablamos de la tradición de los buñuelos en Fallas, no hay que perder de vista que las monas de pascua están repletas de una simbología que nos transporta a la infancia y la inocencia.

Fuente: cookmonkeys.com

La tradición empieza con  el padrino, que es quien debe regalar el dulce a su ahijada o ahijado. La mona se tiene que comer el lunes de Pascua mientras estás volando el cachirulo. El sitio ideal para volar el cachirulo es la playa, no nos olvidemos que ver a los más pequeños de la casa volar el cachirulo es una estampa muy valenciana.

Del huevo duro al huevo kínder

Otra de las tradiciones que se están perdiendo es la del huevo duro en las monas de Pascua. Este huevo se ha ido sustituyendo cada vez más por el típico huevo de chocolate de la marca kínder. Ahora mismo, raro es ver monas de Pascua con huevo duro en los supermercados.

Fuente: recetariocanecositas

Con esta sustitución se ha perdido la tradición de romper los huevos en la frente de algún amigo. Un momento muy divertido en el grupo de amigos, menos para el que ponía la frente.

Del horno al supermercado

La compra de la mona de pascua se ha realizado tradicionalmente en los hornos de los barrios, dándole vida a estos y llenando las calles de niños ilusionados con su mona de Pascua. Sin embargo, esta tradición se ha modificado. Hoy en día, la compra de las monas de Pascua, como la mayoría de las demás compras, se realiza a través de los grandes supermercados, hecho que provoca que la magia de ir con los más pequeños de la casa al horno se haya perdido.

La ilusión y la magia que tiene la mona de pascua no la tienen otros aliementos. Disfrutar de este dulce es disfrutar de un tradición que ha pasado de padres a hijos, y que, desgraciadamente, se está perdiendo.

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